Madurar con el Arte

Ya no hay secretos.

Sólo el tiempo que toma en recorrer su camino, 

encontrar su cauce y el instante que torna

la chispa en transformarse en fuego”

小念頭 Siu Nim Tao (Pequeña Idea)

Mi poder es mi vacuidad, Mi copa está vacía aún. Mi maestro es mi aguja, yo el hilo que dibuja siluetas en el aire. Mientras me paro, me siento. Y es así como mis raíces crecen; sólo en los espacios vacíos y aun oscuros. Comprendo que allí donde mi corazón apunta, mi energía impacta. Todo comienza desde un pequeño centro. Despuntan los primeros haces del día en el horizonte, allí donde me dirijo por el camino recto.

尋橋 Chum Kiu (Formando Puentes)

Segundo Acto. Mis puentes se extienden. Salgo al encuentro del mundo con mis principios. Muevo mi centro como el eje de una rueda. Mis brazos son los rayos. Mis piernas apenas se alejan y con esfuerzo y dedicación el carruaje avanza sólido y estable. Encuentro una sintonía. Empiezo a ser uno con mi centro, y con libertad para moverme. Mientras tanto, el maestro prepara el concentradamente en su cocina y en sus pensamientos recorre la suavidad. Yo me encargo de alinear las tazas vacías sobre la mesa, con mi centro y mi propósito.

鏢指 Biu Jee (Dedos que percuten)

El Camino va tomando su forma. Mientras el río fluye torrencial y el agua golpea y moldea todo a su paso, según su curso y su natural fuerza. Como las enseñanzas, como el aprendizaje. El ahora se hace presente e inmediato en mi visión. Mis raíces ya mas profundas dejan que esa visión se expanda. El Maestro afuera atiende sus asuntos del mundo. Afila aun sus herramientas para cortar la madera, preparar el fuego y sembrar la tierra. Su propia labor. En mí, el adentro y el afuera confluyen. El aire sale de mis entrañas acompañando sincronizadamente a mi accionar, nutriéndose y expandiéndose. Para ser llenado algo tiene que estar vacío primero. Me aplico disciplinadamente a la practica desde la mañana a la noche. Los días son largos pero el retorno a mi centro ayuda a no extenuar mis recursos, y así salir nuevamente. Afino mis cuerdas, las hago vibrar y siento mi presencia. El atardecer me encuentra preparando, con una sonrisa plácida, el té para los viejos amigos o los nuevos invitados. La noche, finalmente, me brinda el regalo de la profundidad y una anhelada certeza. Contemplo así una gran inmensidad.

El Camino parece ser uno y uno parece ser el camino.

Jeremias Zaghis

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