El espíritu de las Formas

Formas llenas de Vacío, Vacío lleno de Formas.

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Se le llama Formas a ese conjunto de movimientos entretejidos de una manera arbitrariamente coherente y que crean la esencia de un estilo. Constituyendo el núcleo principal del formato del método de wing tchun, las formas concentran en sí el grupo de conceptos o principios a ser estudiado. Corresponden a la memoria del sistema, lo que genera un piso o un eje cuyo aprendizaje, memorización y luego mediante la repetición logra el practicante desdoblar las ideas codificadas que son transmitidas en la enseñanza de tal esquema. Como semillas que se esparcen, crecen en ese espacio vacío de conocimiento, para afianzarse, y que al ser cultivadas, regadas y atendidas crecen y se afianzan dentro del capital de patrones de movimientos del individuo como resultado inexorable. Como herramienta metódica, ayudan a establecerse como un eje temático con miras a que cada punto de detalle estructural sea estudiado desde la introspección y que al ser practicado con una visión y una atención correcta se va arraigando naturalmente en el universo de movimientos del practicante.
Una vez comprendida esta idea de su uso, se habrá de buscar los puntos fundamentales que componen la correcta acción y comprensión de las mismas.

En el fluir del universo, no existen dos movimientos iguales como “no nos podemos bañar dos veces en el mismo río”, aunque sí existen en nuestra mente -dada la capacidad de la memoria de retener y proyectar su reproducción- es como podemos interpretar, grabar y disponer de dicha Forma y que es el modelo que nos provee el arte para trabajar sobre nuestra propia base, que no es más que nuestros posicionamientos y su correspondiente contemplación. Si se analiza cuidadosamente, puede surgir en la mente la pregunta del por qué el aprendizaje de las formas, cuando para combatir, no es necesario en sí reproducir una determinada forma, con sólo corresponder espontáneamente a la agresión jugando un rol activo o participativo, o tal vez un rol pasivo o evasivo según el caso. Pues bien, en respuesta a esto, es que el combate o la agresión es una instancia caótica, desordenada en nuestra racionalidad, donde en el mayor de los casos la respuesta tiende a ser de características irracional o emocional, dejando de lado toda capacidad de análisis, pues nos vemos “arrojados” o empujados a responder instantáneamente sin un segundo análisis, con el riesgo a ser golpeados y abatidos sino nos ponemos a la altura de dicha circunstancia. Para qué aprendemos entonces un arte marcial? Para qué entonces el entrenamiento de tanto ritual? El ritual del entrenamiento permite disciplinarnos en la repetición consciente de los movimientos que luego han de volverse una segunda naturaleza (o pretenden al menos). Tal es, una conducta o una respuesta que permita ganar tiempo en la capacidad de activación muscular, o en la reacción y capacidad de un despliegue táctico (entendiendo por ello una acción organizada que contempla la posibilidad de un segundo o un tercer movimiento de contra reacción). Así bien entendido, las formas juegan un papel importante de que al enseñar correctamente el movimiento su ejecución tenga más probabilidad de ser acometida de la manera correcta. A su vez, en su totalidad, la forma que implica ese fondo de movimientos conlleva un ritmo, un timing, una postura correcta, una respiración correcta, un enfoque correcto, que en sí puede decirse que son sub-ejercicios en sí mismos de la totalidad del estado mental correcto. La práctica de la Forma se torna más profunda a medida que más experiencias añadimos, más interfaces somos capaces de esbozar, más micro actividades sumamos pero con la capacidad de conglomerarlos armónicamente en un mismo patrón de movimientos y a la vez representando la “solemnidad” (es decir la actitud correcta) de lo que la misma Forma requiere.
Para que la practica de la forma sea correcta es necesario prestar atención a algunos puntos tales como:

  • Postura general del cuerpo.
  • Alineación de cada segmento con respecto a sus segmentos contiguos.
  • Puntos de detalles de cada técnica.
  • Cadencia de movimientos y pausas.
  • Encadenamiento correcto entre técnica y técnica.
  • Respiración.
  • Actitud.
  • Concentración.
  • Estado mental.

El espíritu de las formas corresponde así, a mi entender, a la intención del diseño correcto, de la ejecución correcta, donde mientras más profunda sea la practica, el ejecutor deberá ir disolviéndose para unificar la dualidad (que existe en nuestro propio proceso cognitivo), entre ejecutor y lo ejecutado y que sólo exista la unidad perfecta sin interferencia del juicio, para que tan sólo quede la acción desnuda y simple.

Tarea que conlleva una disciplina impecable. Disciplina impecable que conlleva a un estado correcto.

Espero que estas líneas sirvan al lector de aclaración y puedan ser bajadas a la practica de una manera exitosa.

Hasta la próxima.

Puño&Palma

Sifu Jeremias Zaghis

 

 

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